domingo, 17 de septiembre de 2017

Estado y nación

Antes del siglo XVIII, las naciones eran comunidades de procedencia, integradas geográficamente y que compartían un idioma y tradiciones y costumbres comunes. Pero no por ello pretendían poder político alguno. Es el nacionalismo el que da el salto del linaje o la lengua a la política. Y ahí está el problema, porque ya no hablamos de derechos y deberes, sino de herencias, leyendas y banderas. Su fuerza radica en su habilidad para construir un sentimiento de identidad entre las personas al margen o por encima de otras lealtades colectivas tradicionales. De ahí la importancia hoy de las mal llamadas televisiones públicas. Pero el estado democrático, aunque también requiere lealtad y sentido de pertenencia, no tiene su origen en la lengua o en los genes, sino que es fruto de la voluntad común, del acuerdo por el que todos dejamos parte de nuestro poder en manos de un mismo orden legal. El estado aparece como el garante de la ley y por eso es político por naturaleza: necesita poder para tomar decisiones que vinculen a todos, para lograr una sociedad justa

Ambas realidades son necesarias y complementarias, pero no acaban de entenderse. En mi opinión, un estado federal es la mejor solución para un estado plural con diferentes nacionalidades. Pero la palabra estado implica, si es democrático, igualdad de derechos y deberes, de recursos y responsabilidades. No puede haber un federalismo asimétrico igual que no puede haber una justicia que no sea igual para todos. No sería ya justicia. Asimetría es lo que ya tenemos. ¡Qué nos pregunten a los valencianos!

Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (15/09/2017)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo:
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/estado-nacion_1093312.html

domingo, 10 de septiembre de 2017

Contra la corrupción

Leíamos esta semana en un periódico que la batalla contra la corrupción no puede ser ganada del todo, entre otras cosas porque está en la propia naturaleza humana. Lo que hace falta, nos decía, es más poder externo, más coacción para obligarnos a ir por el buen camino: el autocontrol bienintencionado no existe. Pero esto no es verdad.

Nadie discute que siempre harán falta más medios contra la corrupción. Pero las leyes poco pueden hacer si no encuentran una cultura previa para la cual la corrupción es degradante y vergonzosa, una mala práctica que acaba con cualquier reputación. No sé si la buena voluntad será eficaz, sí sé que de poco han servido las leyes cuando la corrupción se ha visto y sentido como normal durante demasiados años. Ante frases como «todos son iguales», la posición no puede ser otra que «tonto el último». No existe ninguna naturaleza humana fija e inmutable, ningún gen de la corrupción. No nacemos buenos o malos, honrados o sinvergüenzas. Somos lo que la educación ha hecho de nosotros, nos decía Kant con razón. Por eso, el primer y más importante freno contra la corrupción es la educación. Todos lo saben, pero fíjense la barbaridad: no existe formación ética ni en primaria, ni en secundaria y solo un poco en la universidad, la maría de siempre. Hasta hace bien poco, en las escuelas de negocios, las prácticas corruptas se enseñaban como una forma más de competitividad. Si es la cultura la que construye nuestra naturaleza, la educación moral debe ser el primer objetivo y la familia el primer espacio para ponerla en práctica.

Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (08/09/2017)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/corrupcion_1091877.html

sábado, 2 de septiembre de 2017

La corrupción no existe


Antes de las vacaciones dedicamos un par de columnas a pensar sobre las causas y consecuencias de la corrupción. Les invitaba a debatir qué puede hacer la ética para romper el círculo vicioso entre la desmoralización ciudadana y la corrupción. Pero no se preocupen, nuestro ínclito presidente del Gobierno tiene ya una fácil respuesta: ¡ignorarla! Gürtel, Púnica, Taula, Brugal, Palma Arena, etc., no han existido. Tampoco los cientos de casos de corrupción que han dejado a nuestra comunidad sin dinero y con la reputación por los suelos. Eso es historia pasada, algo que nada tiene que ver ni con su partido ni con él. Si alguien se atreve a denunciar esta situación es acusado de inquisidor.

Nuestro presidente ni dimite ni admite responsabilidad política alguna. Él a lo suyo: lo importante, repite, son los logros económicos que se están consiguiendo. Supongo que se referirá a los sueldos miserables que reciben millones de trabajadores en España, el sector turístico a la cabeza, al deterioro sanitario o a la falta de expectativas que lastra la ilusión y el futuro de nuestros jóvenes.

Pero este pleno ha dado más de sí. El siguiente número en este circo ya es el no va más: hay quienes pretenden justificar una república independiente porque están hartos de tanta corrupción, como si la deshonestidad y la desvergüenza fueran cosa de los demás, como si no hubieran hincado el diente en sus instituciones. La corrupción nada tiene que ver con fronteras o cambio de banderas. Parece que la mayoría de nuestros políticos nos toma por imbéciles. Esta sí es la razón principal de tanta corrupción.

Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (01/09/2017)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/corrupcion-no-existe_1090446.html

viernes, 28 de julio de 2017

Secuelas de la corrupción


La semana anterior recordábamos que la corrupción, el intercambio entre la falta de integridad y la recompensa, es una relación social. No es solo una cuestión de deshonestidad personal, se requiere a alguien que seduzca y pervierta a otro a la espera de un beneficio, ya sean bienes, poder o dinero. Nos preguntábamos cómo superar esta lacra. A mi juicio, un primer paso es ser conscientes del problema.

Por una parte, los ciudadanos tienen la corrupción como segunda preocupación más importantes, detrás del empleo. Lo cual refleja bien la actual alarma social. Pero ya no tienen tan claro cuáles son las consecuencias de la corrupción. Por ejemplo, su relación intrínseca con la segunda preocupación más importante: la falta de empleo.

No somos conscientes de los graves daños que provoca la corrupción. Entre otros: económicos, puesto que obstaculizan la libre competencia, distorsionan el funcionamiento del mercado y destruyen la competitividad; políticos, porque son la principal causa de la pérdida de credibilidad y legitimidad de nuestros representantes; sociales, origen de la falta de confianza en nuestras instituciones, de la confusión intencionada entre público y privado; morales: desafección, falta de respeto, etc.

Estos daños producen un círculo vicioso: la corrupción produce desconfianza y apatía, y estas permiten a su vez todavía más corrupción. ¿Cómo convertir este círculo vicioso en un círculo virtuoso? ¿Qué puede hacer la ética, de la que todos se acuerdan ahora, para resolver esta situación? Después de las vacaciones, seguimos. Tenemos tiempo para pensarlo.


Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (28/07/2017)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/secuelas-corrupcion_1083929.html

viernes, 21 de julio de 2017

Corrupción: uso y abuso

El otro día tuve ocasión de dar una charla invitado por la plataforma ciudadana Castellón contra la injusticia y contra la corrupción, una iniciativa de la sociedad civil a la que deseo una larga y fecunda existencia, falta nos hace. Vinieron asociaciones y fundaciones de la sociedad civil, curiosos, amigos y, también, nuestros representantes políticos. Podríamos decir, irónicamente, que el tema despierta interés. Otra cosa es saber hasta dónde queremos implicarnos para que el pasado no se repita.

Es curioso como el lenguaje nos engaña. Hasta hace bien poco la definición de corrupción era: «abuso del cargo público para el beneficio privado». De esta forma parece que solo los políticos y los funcionarios pudieran ser corruptos. Pero la corrupción es un juego donde hacen falta al menos dos. De ahí que la definición actual, «abuso del poder en beneficio propio», describa mejor la realidad. Corruptos pueden ser, entre otros: políticos, empleados públicos, empresarios y directivos, representantes sindicales, profesores universitarios, periodistas, presidentes de asociaciones benéficas, miembros de los consejos escolares, etc. En resumen, todo aquel que abuse de una posición para su propio interés.

Pero, como bien decía Ortega, los abusos no son lo más peligroso puesto que la palabra indica casos aislados y poco frecuentes. Si son tan pertinaces y generalizados, ya no cabe hablar de abuso, sino de mal uso. La corrupción es el resultado de los malos usos en nuestras instituciones. Esta normalidad es clave para entender la actual desmoralización ciudadana. ¿Cómo crear usos nuevos?

Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (21/07/2017)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/corrupcion-uso-abuso_1082664.html