viernes, 2 de junio de 2017

Ética y responsabilidad

Al igual que ocurre con las personas, las organizaciones, administraciones, empresas, universidades, etc., tienen un carácter, una manera determinada de decir y hacer, de comportarse. Precisamente la palabra «carácter» en griego es ethos. De ahí que la ética se refiera, en este sentido, al carácter de las personas y de las organizaciones.
Decimos que una universidad es competitiva, excelente, eficiente, etc., pero también decimos que es fiable, responsable, integra, respetuosa, etc. Con estos valores lo que hacemos es describir su carácter, aquello que la distingue de otras universidades. Este carácter se consigue día a día, logrando que las conductas se conviertan en hábitos, en buenas prácticas, fuente de motivación y fuerza para actuar, configurando así su credibilidad y reputación. No existe ninguna universidad o empresa sin carácter. Precisamente cuando decimos «que no tiene carácter», estamos diciendo que no tiene una personalidad definida. No tener carácter es un rasgo del carácter.
La palabra responsabilidad, sin embargo, se refiere a la acción de responder. El concepto tiene que ver con nuestra capacidad, personal o institucional, de responder de lo que hemos hecho, para justificar así nuestras conductas. La responsabilidad social se refiere a la respuesta que la organización debe dar ante la sociedad, de justificar que ha cumplido con lo que se espera de ella, de los bienes que ha producido y que legitiman su actividad. Si no es capaz de dar razón ante la sociedad del valor aportado, pierde crédito y acaba disipando el respaldo moral que la sustenta.
Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (02/06/2017)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/etica-responsabilidad_1072904.html

miércoles, 24 de mayo de 2017

Call for Papers revista Recerca: Lectura crítica de los nuevos modelos alternativos de economía y empresa


El cuestionamiento del sistema capitalista de mercado tiene una larga trayectoria, pero en las últimas décadas se han incrementado las propuestas que pretenden ofrecer alternativas a un sistema de mercado que favorece a los más aventajados e incrementa la desigualdad (Piketty 2014; Stiglitz, 2012). Estas propuestas han surgido desde la experiencia de que el modelo actual dominante de capitalismo consumista es insostenible medioambientalmente e injusto socialmente, además de contribuir a un incremento de las desigualdades y de la polarización económica.

Estas nuevas propuestas, en ocasiones bajo el rótulo de nuevos modelos económicos o empresariales, están “presididos por esa vieja utopía de preservar y mejorar la vida, acrecentar la libertad, fortalecer la igualdad, impulsar la fraternidad” (Moreno, 2014). Entre otras propuestas y a modo de ejemplo, proponemos los siguientes modelos para su lectura crítica –sin ánimo de exhaustividad–:
         -  Economía colaborativa o compartida,
         -  Economía feminista o de los cuidados,
         -  Economía del bien común,
         -  Emprendimiento e innovación social,
         -  Economía circular,
         -  Economía civil,

Estas son algunas de las nuevas propuestas que han ganado eco en los últimos años. Algunas de ellas pretenden una transformación radical del paradigma liberal del capitalismo consumista, mientras que otras proponen aprovechar la propia dinámica del capitalismo consumista para beneficio de los menos aventajados o simplemente corregir los efectos no deseados sobre ellos. 
El objetivo de este número de la Revista Recerca de Investigació i Análisis es realizar una lectura crítica de tales propuestas tratando de hacer balance de las mismas en su nivel normativo, así como mostrar las barreras o dificultades que están teniendo para su desarrollo práctico (Cortina et al., 2008). Las preguntas que pueden articular esta reflexión serían, entre otras:

         -  ¿Es un modelo alternativo, reformista o continuista? ¿Hasta qué punto estos modelos son realmente “alternativos”, “reformistas” o una mera “reformulación o adaptación” del modelo capitalista dominante?
         -  ¿Qué marcos teóricos pueden ser los más adecuados y válidos para analizar tales modelos?
         -  ¿Cuáles son sus rasgos esenciales y en qué se diferencian de otros modelos?
         -  ¿Cuáles son los presupuestos epistemológicos, históricos y antropológicos que subyacen a las nuevas propuestas?
         -  ¿Cuáles son las implicaciones económicas y sociales que proponen estos modelos?
         -  ¿Cuáles son los mayores obstáculos o barreras para el desarrollo de esos nuevos modelos?
         -  ¿Qué experiencias avalan estas nuevas propuestas?
         -  ¿Cómo se articula el ámbito político y la sociedad civil en estos modelos?
         -  ¿Hasta qué punto las dimensiones de tales modelos están relacionadas con la preservación de los ecosistemas?

Con este número de la Recerca. Revista de Pensament i Anàlisis confiamos en hacer una contribución a la clarificación crítica y ordenación de estos modelos alternativos de economía y empresa y con ello a la construcción de una sociedad más justa. 


Más información en: http://www.e-revistes.uji.es/index.php/recerca

viernes, 12 de mayo de 2017

Aporofobia


Nuestra sociedad está tan acostumbrada a la doble moral y nuestra ciudadanía arrastra tanta carga de hipocresía que ha olvidado que la justicia no se alcanza sin solidaridad. A todos se nos llena la boca criticando la xenofobia, el temor y odio al extranjero, pero nos molesta que hurguen en nuestra basura, al igual que nos deja indiferentes el drama de los refugiados. De no ser así, no aguantaríamos la vergüenza de un gobierno que se ríe de nuestros compromisos de acogida.
Sin embargo, si nos paramos a pensar, vemos que no tratamos igual a todos los que vienen de fuera. Si vienen con dinero y pueden dar algo a cambio, son bien recibidos. Tenemos a millones de turistas, motor de nuestra economía, a quienes ofrecemos nuestra hospitalidad. Tenemos a los emigrantes ricos que basta con que compren viviendas caras o hagan negocios, sin importarnos mucho el origen del dinero, para que obtengan la carta de residencia. ¿No son extranjeros?
EL NUEVO libro de Adela Cortina es capaz de dar nombre a la patología social que subyace a la xenofobia, al racismo y a fundamentalismos de todo tipo. Aporofobia, el rechazo al pobre, es su título y, de forma clara y sencilla, a la vez que bien argumentada, nos explica que la raíz del problema no son los emigrantes sino los emigrantes pobres y los refugiados políticos. Es decir, el desprecio y la hostilidad hacia quienes, al menos aparentemente, no pueden darnos nada a cambio. Un neologismo que ella misma propuso hace más de veinte años para mostrar una lacra que hoy ha convertido en un cementerio el espacio común de donde procedemos.
Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (12/05/2017)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/aporofobia_1068393.html

martes, 9 de mayo de 2017

Domingo García-Marzá propone una nueva concepción de democracia participativa




La clausura del VIII ciclo de conferenciasLa democracia hoy: Nuevas tecnologías y transformación social”, celebrado este lunes 8 de mayo de 2017, ha contado con la participación de Domingo García-Marzá, catedrático de ética y comisionado para la responsabilidad social universitaria de la Universitat Jaume I, quien ha propuesto y defendido una nueva concepción de democracia participativa capaz de luchar contra la actual desafección política y recuperar el vigor perdido a través de una democracia de doble vía.

Durante la conferencia, titulada “Democracia: el poder transformador de la sociedad civil”, García-Marzá ha profundizado en la actual desafección democrática, concretando en qué consiste y cómo se ha producido. Entre otras cosas, ha señalado que nos hallamos en un momento de colapso por la falta de estima hacia las instituciones políticas. La gente se cree la democracia, le parece deseable, pero no se cree sus administraciones. Éstas han perdido su sentido de existir, su credibilidad.



Posteriormente, García-Marzá ha reflexionado sobre tres de las propuestas más relevantes que se han ofrecido para intentar salir de esta situación: la neoliberal, que apuesta por más mercado y menos Estado; la conservadora: que opina que las cosas están bien como están y que tocar algo puede ser contraproducente; y la radical, que entiende que para salir de esta crisis es necesario extender la participación democrática a la sociedad civil, ya que ésta tiene poder transformador de la realidad. En este sentido, García-Marzá apuesta por una salida radical de la crisis a través de la creación de nuevos espacios de participación dentro de la sociedad civil.

Partiendo de este punto de vista radical, García-Marzá se ha introducido en el concepto de sociedad civil a partir de la idea de una democracia de doble vía, entendida ésta como una complementación entre el Estado y la sociedad civil. Para García-Marzá, poder es la capacidad de definir y satisfacer intereses, de generar sentido, de definir en este caso concreto qué significa democracia. Y ese poder no está en manos del Estado, sino de la sociedad civil. Por ello, es necesario buscar, crear y potenciar espacios públicos en el interior de las instituciones que estén interconectados, que sean inclusivos, que integren a todos los grupos de interés, y que velen por el acontecer y cumplimiento de los intereses generales. Esta democracia de doble vía permitiría, según García-Marzá, una estructuración institucional de la sociedad civil capaz de recuperar la fuerza inherente a la participación y dar cuenta de nuestras capacidades para actuar.


viernes, 5 de mayo de 2017

Aprender de la historia



La historia es, y no puede dejar de ser, un proceso colectivo de aprendizaje. Aprendemos de nuestras experiencias. Muchas veces no hacemos caso y volvemos así a la casilla anterior, generalmente a una situación peor. A pesar de ir a trancas y barrancas, aprendemos. Este aprendizaje histórico se refleja en nuestra cultura, en las palabras y valores con los que nos entendemos y construimos la sociedad. Esto es lo que ocurre con las palabras justicia o democracia. Las palabras son almacenes de aprendizaje, no pueden significar cualquier cosa.

Hace unos días tuve la suerte de compartir una conferencia con el profesor Pedro Barceló. Explicó qué había pasado con la democracia en las polis griegas, en la república romana o, ya en nuestros días, en la república de Weimar o en la española. En todas ellas aparecen una serie de factores que explican su decadencia y desaparición, entre ellos, la ausencia de valores compartidos y las desigualdades sociales. La ignorancia y la avaricia no encajan en ningún carácter democrático. Si no queremos repetir la historia, si no queremos un demos vulgar y resentido, tendremos que saber educar y repartir bien las cargas y beneficios. No nacemos buenos o malos ciudadanos, ni honrados o sinvergüenzas. Nos hacemos. Seguimos empeñados en ignorar la importancia de una educación democrática y el valor de una distribución justa. Solo tomando las riendas de una educación cívica y solidaria que enseña primero a cooperar y compartir y, solo después, a competir, mejoraremos nuestra democracia. Ni la tradición picaresca ni la corrupción están en nuestros genes.


Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo. (05/05/2017)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: 
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/aprender-historia_1066848.html