lunes, 11 de diciembre de 2017

Derechos Humanos


Este domingo se celebra el día internacional de los derechos humanos, recordando la fecha en que se firmó la Declaración Universal. Muchos piensan que de poco sirven, que son una pérdida de tiempo, o, incluso, una pantalla para esconder la injusticia. Pero están equivocados.
Si recuerdan, se firmaron en 1948, reconociendo entre todos los países la igual dignidad de las personas, que solo ellas tienen valor y no precio, que son fines y nunca medios, como diría Kant. Habíamos pasado por la barbarie nazi, por la negación de humanidad para una parte de la misma. Los derechos humanos instauraban aquello que podemos denominar, siguiendo a Ortega, la altura moral de nuestro tiempo, la brújula que nos indica el norte de la igual dignidad, hacia dónde debemos ir. No representan los sueños visionarios de cuatro intelectuales, sino las condiciones universales e indispensables necesarias para ser persona y llevar adelante una vida digna, más allá de culturas, religiones o estados.
Sin este listado de expectativas, de exigencias recíprocas, no sabríamos si la sociedad avanza o retrocede, si mejoramos o empeoramos. Una prueba de que no estamos hablando de ideales sino de realidades, es la indignación que sentimos ante su incumplimiento, ante los salarios miserables que solo producen pobreza y esclavitud, por ejemplo. Estos derechos morales están incrustados ya en nuestra forma de ser y ver el mundo, de entender nuestras democracias. Como derechos fundamentales, son el único incondicional que existe en nuestra Constitución.
Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo (08/12/2017)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/derechos-humanos_1113248.html

sábado, 2 de diciembre de 2017

Universidad menesterosa



Mi buen amigo Julio Sánchez me interpelaba esta semana acerca de los efectos de la infrafinanciación que sufre la Comunitat, en especial sobre la precariedad en la que se encuentra nuestra querida Universitat Jaume I. Acerca de la financiación está dicho casi todo, que es una injusticia que no puede justificarse, que no tiene otra explicación que la falta de respeto. Existen universidades similares en España que nos doblan el presupuesto. Y aún así aparecemos en los ránkings.

Pero cosa diferente es comprobar cómo se distribuye el poco dinero que tenemos. Y aquí no puedo evitar la impresión de que nuestros políticos no valoran suficientemente el papel de la universidad. Por una parte, se les llena la boca al hablar de que estamos en la sociedad del conocimiento, en la necesidad de la innovación. Pero por otra, olvidan que la fábrica más importante de conocimiento es la universidad. Tanto de conocimiento científico como cultural y humanístico, necesarios ambos para pensar un futuro no solo deseable sino posible. Los rectores no encuentran interlocutor para sus demandas. Por ejemplo, para tener un plan plurianual de financiación.

Sin embargo, aún hay una razón más profunda. Tampoco la sociedad es consciente del valor de la universidad, de su importancia para la transformación de un territorio condenado al sector servicios. Si la universidad lo hace mal, que se pidan responsabilidades. Pero si se esfuerza por hacerlo bien, debe ser la sociedad la que reclame a nuestro gobierno un campus que cuente con lo necesario. No es el valenciano nuestro problema.



Domingo García-Marzá. El Periódico Mediterráneo (01/12/2017)
El texto se puede consultar en la versión digital del Periódico Mediterráneo: http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/contra/universidad-menesterosa_1111615.html